Calo

Cómodo triunfo brasileño

Fue demasiado Brasil. En un Mundial en que por momentos hubo que mendigar buen fútbol, a este equipo de Dunga le sobró chapa para llevarse por delante a Chile y reconfirmar, por si alguien tenía alguna duda, que es gran candidato a conseguir su sexto título.
Del otro lado, los de Bielsa mostraron la actitud de siempre y su rebeldía cuando la eliminación se volvió inevitable. El enemigo, que ahora va por Holanda, era demasiado grande para sus buenas intenciones.
El partido tuvo de entrada la vibración que prometía. Chile, tal como manda el libreto de Bielsa, presionaba arriba para anticipar y recuperar la pelota cerca del arco de enfrente. Pero la primera llegada fue de Brasil, a través de Luis Fabiano, con un remate entrando al área a los 4 minutos que se fue desviado. Y fue el prólogo de un lapso del partido en el que los de Dunga empezaron a ganar la pulseada, a partir de un mediocampo que había perdido por lesiones a dos de sus importantes piezas -Elano y Felipe Melo- pero que pareció hasta articularse mejor con Dani Alves y Ramires.
Aguantó bien el vendaval Chile, que recién a los 12 minutos llegó con cierto riesgo con una habilitación de Alexis Sánchez a Suazo, quien no logró poner la pelota por encima de Julio Cesar. Y a partir de los 15, el equipo de Bielsa empezó a hacer pie. Sin ser más que su rival, lo tenía bien controlado y le imprimía al partido el ritmo de vértigo que le convenía. Hasta lograba que se escucharan los cantos de los chilenos en medio de un Ellis Park que, como siempre que juega Brasil en cualquier lugar del mundo, mostraba amplia mayoría verdeamarela.
Brasil, entonces, esperó tranquilo su momento. Como el cazador que sabe que tiene todas las de ganar ante su presa, evitó los riesgos innecesarios y dejó que el partido transcurriera hasta que llegara ese punto en el que la historia se encargaría de ponerlo en ganador. Y, como casi siempre, esa ráfaga llegó y le dio una diferencia tan grande que dejó la sensación de que el partido se había resuelto.
A los 34 minutos, un corner lanzado de manera perfecta encontró en el punto preciso a Maicon, quien cortinado por sus compañeros cabeceó solo y arriba para vencer la estirada de Bravo. Todavía no se habían repuesto los de Bielsa cuando cuatro minutos después Kaká dejó solo a Luis Fabiano para que marcara el 2-0 con una definición de libro: dejó despatarrado al arquero y la empujó con el arco vacío. Justo o no, la gran potencia del fútbol mundial estableció una diferencia que daba toda la impresión de ser casi indescontable.
Intentó dar un vuelco Bielsa en el inicio del segundo tiempo con los ingresos de Tello por Contreras y Valdivia por un inexpresivo Mark González. Pero ya nada iba a funcionar. Encima a Ramires, que siendo un gran jugador es el más flojo de esa brillante línea de volantes brasileña, se le dio por encarar a la defensa y pasó hasta que le dejó servido el gol a Robinho, quien definió contra el palo izquierdo de Bravo.
No se puede escribir, como se hace habitualmente, que el resto del partido sobró por el hecho de saber que no había manera de que cambiara el resultado. Porque mientras Brasil regalaba buena parte de la belleza que puede tener su fútbol, los de Bielsa no se resignaban y buscaban con avidez el descuento. Ni para eso les alcanzó en esta despedida dolorosa en la que, pese a la impotencia, no ensuciaron nunca su propuesta. Del otro lado, habrá que entender, había un equipo que era demasiado para este Chile. Y, por lo visto hasta ahora en Sudáfrica, para casi todos.

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