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La necesidad de informar y no desinformar

Por Maximiliano Caloni. Opinión.- Hace algunas semanas atrás, publicábamos una nota de opinión haciendo referencia a la labor del periodismo en nuestra ciudad. Hoy, al conmemorarse un nuevo Día del Periodista, vale la pena refrescar aquellas palabras.
Nuestra ciudad cuenta con un diario papel, dos radios de Amplitud Modulada, alrededor de 40 de Frecuencia Modulada, un canal de cable y unos 20 sitios web dedicados a brindar información. Sin embargo, pese a esta diversidad de medios de comunicación, la realidad marca que la información no siempre llega al vecino como corresponde o, en muchos casos, se hace en forma distorsionada.
La Real Academia Española ha definido la palabra información como “acción y efecto de informar”. A la vez, informar tiene como significado “enterar, dar noticia de algo”. Y noticia: “Noción, conocimiento; contenido de una comunicación antes desconocida”.
Dadas estas definiciones, es fácil suponer que la prioridad y obligación de un periodista (o un medio de comunicación), es la de brindarle al vecino la información que antes desconocía sobre un acontecimiento, asunto o actividad en particular.
Lamentablemente, al igual que en grandes medios nacionales, quienes ejercemos el periodismo (“capacitación y tratamiento, escrito, oral, visual o gráfico, de la información en cualquiera de sus formas y variedades”, según la RAE) en Necochea, no siempre cumplimos con esa premisa.
Es más, hoy es difícil que un vecino pueda acceder a una determinada información sin que exista alguna adjetivación al respecto. Eso si hablamos de algún medio gráfico; porque en los medios orales es aún más sencillo que el periodista se “tiente” en agregar o quitar alguna palabra para que cambie el sentido de la noticia.
Cualquiera dice y escribe cualquier cosa en nombre de su pensamiento, sin que eso pueda ser rebatido por nadie, como si fuera la “verdad absoluta” sobre un determinado tema o protagonista. Además, suele ocurrir que quien opinó de esa determinada manera no brinde la oportunidad de que otro lo haga de forma contraria.
Así, es fácil hoy ver medios de comunicación locales que sólo ofrecen una mirada determinada sobre algunos temas (políticos, sociales, educativos, etc.), sin entender que eso no es bueno para ninguna sociedad, ya que no le permite pensar y analizar la información por sí misma, sino que se la brinda ya “analizada y pensada”, casi masticada, lista para consumir.
Por supuesto, hay quienes “informan” desde un lado y quienes lo hacen desde el otro; pero es difícil poder observar ambos pensamientos en un mismo medio de comunicación.
¿Acaso no es más sencillo escuchar ambas campanas? ¿Qué los protagonistas de la información cuenten y expliquen su pensamiento y luego la gente se incline por uno, o tome lo mejor de ambos?
Algunos se “escudan” en una pauta publicitaria y suelen indicar que por ello es que toman determinadas posturas. Es decir, el dinero no es simplemente para publicitar un producto o una institución, sino para “comprar” la opinión del medio de comunicación o el comunicador. Un verdadero disparate comercial, ético y hasta moral.
En este punto, también las instituciones oficiales tienen responsabilidad. La pauta oficial no es repartida en forma equitativa y, así, ocurre que periodistas o medios reciben una gran porción de la torta, como habitualmente se dice, y otros una parte menor, lo que genera desigualdad y, por supuesto, no la misma “aprensión” al trabajo… por llamarlo de alguna manera.
La ciudad vive una crisis institucional como nunca antes había ocurrido y nosotros, quienes ejercemos el periodismo o buscamos informar a la población, también somos responsables.
Es hora de una autocrítica que nos sirva a todos para entender que la sociedad no necesita “la verdad absoluta”, como muchas veces se plantea desde diferentes medios, sino la información lisa y llana, para que cada uno saque su conclusión y piense y analice lo que sucede.
Por supuesto, como parte de la sociedad, nosotros tenemos una opinión sobre cada tema o información, pero esa no debe verse reflejada todo el tiempo en el medio de comunicación y, si queremos hacerlo, saber que también existe una postura contraria al respecto y debe ser expresada.
Ninguno tiene la verdad revelada. Nadie. Debemos informar y no desinformar, la sociedad sabrá luego qué hacer con esa información.

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