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ESMA: condenaron a 48 represores

ESMA
Un total de 48 exmilitares fueron condenados este miércoles por un tribunal argentino, entre ellos 29 a cadena perpetua, en un megajuicio por el polémico caso conocido como los ‘vuelos de la muerte’ (el sistema de exterminio de los detenidos desaparecidos que acabó con la vida de unas 4.000 personas, lanzadas al mar desde aviones militares después de haber sido drogadas) y otros crímenes cometidos en el centro de torturas de la Escuela de Mecánica de la Armada (Esma) durante la dictadura argentina (1976-83).
Además de las 29 sentencias, otros 19 recibieron condenas de entre 8 y 25 años de cárcel. Hubo seis absoluciones. Los exmarinos Alfredo Astiz (67), Jorge Acosta (76) y Ricardo Cavallo (66) fueron condenados a cárcel de por vida en el mayor juicio por crímenes de lesa humanidad en Argentina, que tuvo a 54 personas cerca de 40 años en el banquillo de los acusados y ventiló 789 hechos.
Entre otros crímenes, Astiz, llamado ‘el ángel rubio de la muerte’, y Acosta fueron acusados por la desaparición en 1977 de la ciudadana sueca Dagmar Hagelin, quien tenía 17 años. Los tres exmarinos ya cumplen la medida de cadena perpetua por juicios anteriores sobre los crímenes perpetrados en la Esma, el más emblemático centro de detención de la dictadura por donde pasaron 5.000 prisioneros y donde dieron a luz decenas de mujeres en cautiverio.
De los 54 acusados, 16 ya habían recibido condenas anteriores.
Fue además el primer juicio en Argentina que condenó a dos expilotos por participar de los llamados ‘vuelos de la muerte’, uno de los métodos de desaparición forzada de la dictadura.
Entre los seis absueltos figuran el exsecretario de Hacienda en 1980 Juan Alemann (89) y el expiloto militar argentino-holandés Julio Poch (65), que estaba imputado por los ‘vuelos de la muerte’. Robos de bebés, tormentos a perseguidos políticos, homicidios fueron otros de los crímenes de lesa humanidad ventilados en este juicio, el tercero sobre los crímenes de Esma.
La lectura del veredicto se prolongó por casi cuatro horas, en una sala de audiencias colmada en los tribunales federales, donde los acusados estaban separados por un vidrio del público, que incluía a víctimas y familiares de víctimas.

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