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Baby Etchecopar: "Soy muy gorila" (video)

Hasta la vista, Baby… Los que se despiden son los buenos modales, la educación, las palabras consideradas, los términos medidos, las frases conciliadoras y también las personalidades frías, medianas, que no se juegan nunca. El Terminator de la radio se llama Baby Etchecopar (65): polémico como ninguno, cada vez que se abre su micrófono sale una cadena de insultos, o alguna frase o una definición que deja huella, para bien o para mal. Muchos lo rechazan, pero otros lo apoyan. Porque así como le hicieron un escrache en la puerta de Radio 10, otro grupo de personas –en su mayoría, taxistas– se congregó en los alrededores de la emisora, en Uriarte y Nicaragua, para brindarle su solidaridad y su cariño. La imagen fue algo curiosa: el mismo hombre que es capaz de despotricar contra el presidente y de pedirle casi de manera permanente que “ponga los huevos sobre la mesa” (“lo voté y lo volvería a votar”, aclara siempre después de decir eso), el mismo tipo que se putea con cien personas que van a “visitarlo” a su lugar de trabajo para recordarle lo poco que lo quieren, se abrazaba y se daba besos con desconocidos que le tocaban bocina. ¿Y vos, de qué lado estás?

A Baby lo escracharon por algunas expresiones que tuvo contra aquellos que reciben planes asistenciales, y contra alguna dirigente social en particular a la que sacó al aire para fustigarla duro. Indignados, otros miembros del movimiento se dirigieron a Palermo Hollywood para enfrentar al controversial conductor. Y vaya que se lo hicieron saber. Hasta hubo un corte de calle por el que debió acudir la Policía, que también había sido criticada por Baby.

Pero el escrache no amilanó al actor de teatro. Más bien todo lo contrario: avivó su fuego interno, que salió en forma de bocanadas de agresiones en contra de medio mundo. No se salvó nadie. Pero su blanco predilecto, claro, fueron aquellos que le cantaban “adonde vayas te iremos a buscar”. La enorme mayoría de las consideraciones de Baby rozaron el mal gusto, pero es precisamente eso lo que lo aleja cada vez más de sus detractores, pero lo entrelaza de manera notable con los que lo bancan. Con su habitual verborragia, una vez más cruzó los límites de la calma. “Y sí, me dicen que soy facho y creen que con eso me están atacando y me voy a poner mal. Pero no, boludos, sepan que soy muy facho y muy gorila. Ah, y sepan otra cosa: cuando veo a todos estos negros feos que me vienen a gritar pelotudeces, me pongo mucho más facho todavía”.

En su discurso, expresiones como “vagos”, “vayan a laburar”, “planeros”, “vienen por el choripán” se repiten una vez tras otra. Parecen suaves al lado de otras, que también expresa, como “villeros, asquerosos, roñosos, calzones sucios, infradotados” con las cuales, definitivamente, no estamos de acuerdo. Se puede decir lo que uno piensa sin caer en la agresión al otro. Lo cortés no quita lo valiente, decían las abuelas, y a veces es oportuno escucharlas. Hasta la vista, Baby…




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